El aprovechamiento de los espacios es un elemento clave en las naves industriales, sentándose las bases de la óptima gestión de este aspecto en la fase de planificación de la construcción, con un diseño que posibilite desde distribuir cada área adecuadamente hasta extraer el máximo rendimiento en altura en las zonas que lo permitan.
Planificar bien los espacios desde el principio, dimensionando correctamente las distintas zonas de trabajo, repercute en la eficiencia operativa posterior. Pero también, permite anticipar futuras necesidades espaciales, evitando reformas y reestructuraciones posteriores, doblemente costosas, por lo que entrañan de inversión y por las distorsiones que provocan en la normal actividad de la empresa.
Además, una adecuada previsión espacial puede ampliar la vida útil del edificio, un condicionante muy a tener en cuenta si consideramos que uno de los motivos más recurrentes para cambiar de nave es aquello de «se nos ha quedado pequeña«. De ahí, que el aprovechamiento de los espacios suponga un tema muy relacionado con el crecimiento de las empresas.
Aportación de un diseño de naves orientado a la optimización del espacio
Un diseño eficiente permite anticiparse a muchos de los problemas que limitan el aprovechamiento del espacio, una vez que la nave ya está en funcionamiento y las soluciones a aplicar son más restringidas y complejas.
Se trataría de tener claro desde el principio cómo se va a utilizar y aprovechar cada área, con la vista puesta en que no haya zonas infrautilizadas, pero atendiendo también a la manera que se relacionan esos espacios entre sí, para evitar, por ejemplo, recorridos innecesarios traducibles en ineficiencias operativas.
Asimismo, cabría concebir espacios versátiles adaptables al crecimiento, a la implementación de nuevos procesos productivos o logísticos, e incluso a cambios de actividad. Bajo este prisma, ofrece un plus muy importante de flexibilidad integrar espacios multifuncionales o reconvertibles a bajo coste.
Además, al margen de planear a presente y a futuro, igualmente se deben contemplar las variaciones puntuales de producción, ya sea por picos de demanda no previsibles o que sí lo sean, al obedecer a una lógica estacional inherente a la especialización de la empresa. La idea aquí sería lograr una distribución de espacios lo suficientemente flexible para que se puedan ir ajustando sin estrangular la operativa.
Distribución funcional de los espacios de la nave industrial
Una buena organización de los espacios facilita los flujos de trabajo, reduce los desplazamientos innecesarios y, muy importante, influye en la seguridad a múltiples niveles, al minimizar los cruces entre peatones y maquinaria, evitar la creación de cuellos de botella peligrosos y, por supuesto, favorecer una evacuación más rápida en caso de emergencia.
La zonificación debe contemplar las necesidades específicas de cada actividad, delimitando claramente zonas de producción, almacenamiento, carga y descarga, oficinas o control técnico. Pero separación no significa segregación, debido a que ha de promoverse la interconexión de aquellas áreas interrelacionadas en los flujos de trabajo.
Si se prevé el uso de sistemas automatizados o transportadores, conviene dejar el espacio preparado desde el inicio. Del mismo modo, deben estudiarse con antelación elementos del entorno que pueden condicionar notablemente el aprovechamiento espacial, como la ubicación de las instalaciones técnicas, las zonas de mantenimiento o los puntos de luz.
Una distribución bien pensada también facilita considerablemente las labores de limpieza, mantenimiento y puesta a punto, al favorecer el acceso cómodo a todas las zonas y reducir los rincones muertos donde se concentra la suciedad.
Espacios despejados, recorridos bien definidos y áreas operativas delimitadas hacen más ágil la intervención de equipos de limpieza o técnicos, y contribuyen al cumplimiento de estándares básicos de orden y salubridad, especialmente importantes en entornos industriales, sobre los que además aplican estrictas exigencias normativas.
Por otro lado, un entorno bien organizado repercute directamente en el bienestar de quienes trabajan en la nave, algo que se traduce no solo en mayor seguridad, sino también en una mejora tangible de la productividad, ya que el personal trabaja con más fluidez, menos distracciones y mayor confort tanto físico como mental.
La dimensión vertical de los espacios de la nave industrial
Aunque si hablamos de optimización de espacios, la proyección en vertical emerge como una apuesta esencial, máxime cuando la superficie horizontal es limitada.
Por ello, en la fase de cálculo estructural se puede contemplar la posibilidad de instalar entreplantas o pasillos sobreelevados, elementos que abren la puerta a duplicar o triplicar la superficie aprovechable sin aumentar las dimensiones en planta.
Más sencilla resultará siempre la instalación de estanterías verticales, si bien aquí cabría considerar la distribución de los pasillos, la accesibilidad a niveles superiores, la acumulación de cargas de cada estante, así como la correcta fijación al suelo según el tipo de pavimento industrial que se trate.
Pautas para aprovechar mejor el espacio tras la construcción de la nave
Una vez en funcionamiento, la nave puede seguir optimizando su aprovechamiento del espacio con las siguientes estrategias:
- Seleccionar los recursos de almacenamiento adecuados al tipo de mercancía: por ejemplo, para ajustar el espacio que ocupan las estanterías con formatos a medida de las dimensiones, el peso o la naturaleza del producto o la mercancía a almacenar.
- Introducir instalaciones sobreelevadas si la estructura lo permite: en caso de que no se construyesen entreplantas durante la fase de obra, se puede estudiar la viabilidad de añadir plataformas o altillos en zonas concretas para ampliar el espacio útil disponible.
- Aplicar estrategias de logística just-in-time: mantener niveles bajos de inventario almacenado, y recibir materiales o materia prima según las necesidades exactas libera espacio y también reduce los costes de almacenamiento.
- Revisar y auditar el uso del espacio de forma periódica: detectar áreas con baja ocupación efectiva, evaluar la rotación del inventario y localizar unidades inmovilizadas permite optimizar la distribución interna y alinear el uso del espacio con las exigencias operativas reales.
Hemos visto cómo diseñar una nave industrial también es crear un entorno capaz de poner en valor todas las potencialidades de la empresa, a presente y a futuro, lo que requiere un cuidado planeamiento de los espacios en aras de la seguridad, la productividad, la eficacia operativa, la flexibilidad, la adaptabilidad, el buen mantenimiento de la nave e incluso el propio bienestar de los trabajadores. Aspectos todos ellos que acaban repercutiendo tanto en el ahorro de costes como en el rendimiento de negocio.
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