Los malos olores en las naves pueden suponer un problema grave a múltiples niveles, ya provengan de los propios procesos productivos, la generación de residuos, la acumulación de humedad o la existencia de una ventilación inadecuada.
Para prevenir los malos olores en las naves habría que implementar medidas estructurales durante la construcción, mientras que para mitigarlos cuando el edificio esté construido cabría aplicar estrategias paliativas, muchas de ellas relacionadas con el mantenimiento y el tratamiento del aire.
Construcción de naves industriales y prevención de malos olores
El mismo diseño de la nave ya debe contemplar la cuestión, por lo que deben preverse sistemas de drenaje bien planeados, para evitar la acumulación de líquidos y sedimentos.
Al igual, que la propia distribución de espacios debe tener en cuenta que las áreas de almacenamiento de residuos queden bien aisladas, zonas que luego se equiparán con extractores o filtros de carbón.
Apostar por materiales resistentes a la humedad y al moho contribuirá a reducir los malos olores, pudiéndose elegir opciones como el hormigón tratado, los paneles de PVC y las pinturas antimicrobianas. Adicionalmente, también será importante el sellado de juntas y grietas, para impedir acumulaciones de residuos orgánicos o filtraciones de líquidos.
Aunque para la cuestión odorífera una de las principales claves estará en la ventilación, por lo que habrá que diseñar sistemas naturales y mecánicos acordes al tipo de actividad. Por ejemplo, en naves de la industria conservera la ventilación tiene que despejar la acumulación de vapores de cocción y fermentación, pudiendo combinarse extractores industriales con renovadores de aire para mantener un ambiente libre de olores persistentes.
Junto a esto, la adecuada zonificación de la nave permitirá que las emisiones de ciertas áreas no invadan el resto. Bajo este propósito, se puede recurrir a la presurización controlada, que posibilita mantener una diferencia de presión entre distintos espacios, limitando la propagación de contaminantes, olores o partículas no deseadas.
También, harán falta otras medidas para separar las zonas emisivas de las demás, desde las propias barreras físicas mediante muros o compartimentaciones herméticas hasta las tecnológicas, con recursos como la instalación de cortinas de aire.
Soluciones para combatir malos olores en naves en funcionamiento
Si la nave ya está operativa y existen problemas de olores, hay varias medidas que se pueden aplicar.
Una primera solución serían los sistemas de filtración y purificación del aire, destacando en este ámbito los filtros de carbón activado, bastante efectivos contra compuestos orgánicos volátiles (COV) y olores químicos. Además, se puede probar con biofiltros, que utilizan microorganismos para descomponer las sustancias que generan mal olor.
Mientras que en industrias alimentarias o químicas con niveles COV muy altos se pueden emplear procedimientos como la ionización y ozonización, capaces de neutralizar los olores en el aire.
Cuando se dan malos olores persistentes, cabría tratar de mejorar la ventilación y el flujo de aire, potenciando la extracción en puntos críticos como las áreas de procesamiento, zonas de residuos o aquellas donde se puedan almacenar químicos. O bien, mediante las ventilaciones cruzadas, que permiten renovar el aire interior con aire fresco del exterior, aunque todo lo que vaya más allá en este ámbito de preservar las condiciones de salubridad puede comprometer el aislamiento térmico.
En cualquier caso, un aspecto esencial a evitar es el estancamiento de aire, para lo que puede suponer una ayuda adicional la instalación de difusores.
Importancia del mantenimiento para evitar malos olores en naves
La construcción de la nave industrial siempre debe atender a la necesidad de facilitar el mantenimiento. Por más que contemos este dentro de las medidas activas para combatir los malos olores, lo cierto es que también viene determinado por cómo se haya diseñado el edificio. Con todo, al margen de las facilidades que pueda haber para hacerlo, para evitar emisiones desagradables jugará un papel clave la desinfección regular de superficies y equipos, a ser posible con productos enzimáticos que eliminan olores orgánicos.
Fundamental será también la limpieza periódica de los conductos de ventilación para impedir la acumulación de bacterias y residuos, al igual que el tratamiento de aguas residuales con sistemas de neutralización de olores.
Para la absorción en las áreas más críticas tendríamos productos compuestos por bicarbonato de sodio, zeolita o el ya mencionado carbón activado. Si bien, para la eliminación drástica de olores químicos y orgánicos la mejor opción serían los sistemas de nebulización de agentes neutralizantes, que tienen un efecto supresor, no enmascarador del mal olor.
Concluyendo, hemos visto que para prevenir los malos olores desde el principio en la construcción de la nave industrial se debe atender a la correcta distribución y separación de espacios, la elección de los materiales adecuados, así como a la dotación de sistemas de ventilación y drenaje óptimos.
En las naves industriales ya operativas con este problema, habría que aplicar soluciones de filtración, reforzar la ventilación, cuidar la limpieza y recurrir a productos y tratamientos que al menos ayuden a mitigar los malos olores, que pueden repercutir negativamente desde en el bienestar de los operarios que trabajan en la empresa hasta en su propia imagen de cara al exterior.
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