Los cerramientos laterales son los elementos constructivos que cierran una nave, formando sus paramentos verticales exteriores. Así, si la estructura sostiene, el cerramiento delimita, protege y acondiciona el espacio interior.
Hablamos, así pues, de una envolvente exterior que resulta clave a efectos de seguridad, estanqueidad, protección frente al clima, aislamiento térmico y acústico, eficiencia energética, durabilidad y hasta de la imagen corporativa que va a proyectar la empresa.
De ahí la importancia de acertar en su elección y ejecución, siendo evidente que un cerramiento exterior problemático puede comprometer la viabilidad de la nave desde el comienzo, o bien determinar una corta vida útil.
Cerramiento como primera barrera de seguridad
La primera función más evidente del cerramiento es delimitar y proteger el interior de la nave. Así, ejerce como barrera de seguridad frente a intentos de intrusión, ya hablemos de robo, vandalismo o cualquier acceso no autorizado, formando parte de lo que se conoce como medidas pasivas de protección, que se complementan con las activas (sensores, cámaras, alarmas o sistemas de control de accesos).
En esta vertiente del cerramiento son claves factores como la resistencia física del material elegido, la ubicación de puertas y accesos, la protección de huecos y puntos débiles en fachada, etc.
Si bien, más allá de plantear un cerramiento robusto, en aras de la seguridad también entrarán en liza aspectos como la visibilidad exterior, la iluminación perimetral y la referida implementación de medidas activas de protección.
Protección de la nave frente a agentes atmosféricos
Asimismo, los cerramientos laterales actúan como barrera frente a los agentes atmosféricos, determinando el clima de la zona las características de los mismos. Sin ir más lejos, en un área como el Levante español habrá que contar con la alta exposición solar y la incidencia de altas temperaturas, además de con los característicos episodios de lluvias intensas.
También estaría la necesidad de proteger contra el viento y los cambios de temperatura, en particular en áreas donde se da una gran amplitud térmica, con mucha diferencia de las noches con respecto al día o entre estaciones. Mientras que en zonas próximas a la costa habrá que tener en cuenta la salinidad y la humedad por sus efectos corrosivos.
Igualmente,el cerramiento de la nave también influye en la estanqueidad, es decir, la capacidad para evitar filtraciones de agua, humedad y entradas de polvo, con todo lo que ello puede suponer.
No obstante, esta capacidad estanca no dependerá solo de la idoneidad del tipo de cerramiento elegido y sus materiales, al entrar en juego la calidad de la ejecución constructiva: juntas, sellados, solapes, remates… con una especial atención a los anclajes y encuentros con cubierta, puertas, ventanas o muelles.
Aislamiento térmico y eficiencia energética
Los cerramientos laterales condicionan la temperatura interior de la nave y, por tanto, el confort interior y, en último término, el consumo energético requerido para preservar las óptimas condiciones térmicas que precisarán personas, procesos industriales, maquinarias y la conservación de materias primas/mercancías.
Cabe destacar que el bienestar térmico del personal que trabaja en la nave, más allá de ser clave a efectos de productividad, se rige por una serie de requisitos de ergonomía en el puesto de trabajo establecidos legalmente.
Por otra parte, tenemos la correlación entre aislamiento térmico y actividad de los sistemas de climatización, traduciéndose los déficits en este sentido en un mayor trabajo de los equipos, con las implicaciones que esto tiene en el consumo energético.
Además, los cerramientos tienen un papel clave a la hora de evitar pérdidas térmicas, siendo esencial para que puedan contribuir a la eficiencia energética factores que van desde el uso de materiales adecuados como el panel sándwich hasta la minimización de puentes térmicos en la construcción, particularmente en áreas sensibles como los encuentros con la cubierta y los huecos de la fachada.
Adicionalmente, el cerramiento debe ir siempre en sintonía con la cubierta, la ventilación y los sistemas HVAC, ya que el comportamiento térmico de la nave depende tanto del conjunto de la envolvente como de las instalaciones que regulan la renovación del aire interior (con sus propios requerimientos por obvios motivos de salubridad) y la climatización.
Esta coordinación resulta todavía más importante en naves que trabajan con mercancías sensibles que necesitan requisitos ambientales específicos, pues cualquier descompensación puede afectar a la conservación de los productos.
Materiales habituales para cerramientos laterales
No existe un material que suponga una solución universal, ya que la elección dependerá del clima del entorno de la nave, su actividad, las necesidades térmicas específicas que tenga, el presupuesto disponible para la obra y hasta de la imagen estética que se quiera proyectar.
El panel sándwich cumple muchos de los requisitos mencionados, al aportar aislamiento térmico, buen comportamiento acústico, liviandad y rapidez de montaje. Los paneles prefabricados de hormigón, por su parte, destacan por su robustez, resistencia e inercia térmica, aunque no brindan las cualidades estéticas del otro material. Mientras que las chapas metálicas, ya sean simples o grecadas, pueden suponer una solución ligera y económica para determinados tipos de naves.
Por último, tendríamos los sistemas mixtos, que combinarían distintos materiales en función de las necesidades de cada zona de la nave, equilibrando aislamiento, resistencia, coste, mantenimiento e imagen exterior.
Mantenimiento, durabilidad e imagen exterior
Por muy acertada que resulte la elección de material o materiales para el cerramiento, e incluso por muy buena que sea su calidad de ejecución, lo cierto es que siempre va a tener unas necesidades de mantenimiento a atender. De hecho, los cerramientos laterales deben plantearse teniendo en cuenta estos requerimientos futuros de puesta a punto.
Bajo esta premisa, ha de preverse la limpieza exterior, la revisión de juntas y sellados, la reparación de golpes o deformaciones y la sustitución de paneles dañados, lo que también obliga a prever aspectos como la accesibilidad a zonas altas.
Igualmente, la corrosión sería otro condicionante a considerar, especialmente cuando hablamos de ubicaciones en ambientes agresivos, sin ir más lejos, en zonas cercanas a la costa, donde las condiciones de humedad y salinidad determinan materiales, acabados y la aplicación de tratamientos protectores en los cerramientos exteriores.
El objetivo último del mantenimiento de los cerramientos sería evitar el deterioro físico. Algo básico tanto en su vertiente funcional como estética. Aunque la primera sería la determinante para la vida útil de la construcción, no se puede dejar de lado la importancia de la segunda, pues estamos hablando de una parte de la nave que forma parte de la fachada visible,por lo que debe cuidarse la transmisión de una imagen de pulcritud, modernidad y solvencia, sin entrar siquiera en las potencialidades del edificio para la proyección de la identidad corporativa.
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